Si, si… ya se que parece increíble, pero imaginaros: una discoteca de verano, al lado de la playa, las cinco de la mañana y no cabía ni un alfiler… de locos, ¿verdad? pues la situación lo único que consiguió fue ponernos a mil...
En medio de la pista de baile la gente parecía no darse cuenta de nada, mientras Lucía, con una habilidad fuera de toda duda me enseñaba nuevas formas de placer.
El cubata se sostenía de puro milagro en mi mano izquierda, mientras que con la derecha me permitía el lujo de moldear el duro culo de mi partenaire. De repente y sin previo aviso, esa misma mano levantó ligeramente su “mini” y apartó con delicadeza el fino hilo que me separaba de la fruta antes prohibida. Su sonrisa delató lo acertado de mi decisión.
Lentamente pero sin pausar y dejándonos llevar por la pasión masturbatoria, bailábamos al ritmo de la música veraniega, sumergidos ambos en una burbuja de placer imperceptible para todos los demás, que navegaban perdidos entre sus dosis particulares de pastillas, alcohol, sexo y sudor.
- “¿A que estás esperando?” me susurró acompañado de un gemido mi ya “muy buena amiga”. Su provocativa mirada y su sonrisa eternamente incitadora (junto con mi hermosa dosis nocturna de Brugal con cola) desataron una tempestad de lujuria e inconsciencia antes desconocidas en mi hábitat natural.
Sin perder la sonrisa y guiando mi cada vez más indomable polla, se giró de espaldas a mi consiguiendo que la penetrase sin el mínimo esfuerzo, ya que de su ardiente sexo salía un cálido río mezcla de fogosos y antaño prohibidos licores.
La música nos acompañaba, el vaivén de nuestros (y cada vez más difíciles) “discretos” movimientos, se solapaba con acierto entre los cada vez más agotados bailes pastilleros de nuestros “casuales” acompañantes. Invitados todos ellos a una orgía de placer de la cual no parecían darse cuenta.
En un irreprimible y espasmódico movimiento, le cogí uno de sus tan deseados pechos, descubriendo al momento que la vista no me había engañado. El placer era tan intenso que me sorprendió el siguiente paso de Lucía, el cual no fue otro que devolver mi ya lubricado pene al claustrofóbico encierro de unos ya olvidados calzoncillos.
Lucía mucho más hábil que yo, se dio cuenta de que mi último movimiento había despertado las dormidas miradas de algunos de nuestros “invitados” y reaccionó al momento. Frustrado y no contento con el final tan precipitado, lejos estaba de ver lo que me iba a deparar el destino… pero eso, queridos e indiscretos amig@s es otra historia.
Espero que os haya gustado y como mínimo puesto las pilas ;) jejeje... aguardo vuestros comentarios (ya sabéis, para comentar justo debajo de estas letras pone "comentarios" pincháis y dejáis el mensaje. Saludos!
Vicens 2003
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons
No hay comentarios:
Publicar un comentario