- A las siete de la mañana (hora de Boston) que coincidía con las cuatro de la mañana en Los Ángeles, nos llamábamos para desearnos un feliz día y, cada uno por su lado, compartíamos en la distancia una hora de deporte. Ella andando, yo corriendo. Ella sola, yo con mi Beagle tragamillas... Al terminar, otra llamada y unas palabras susurradas al micrófono del teléfono, eran mi café diario...
- Mi adicción a madrugar fue in crescendo...
Vicens (Albacete, 30 de agosto de 2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario