La vida a veces disfraza las emociones los sentimientos y mucho más profundamente, nuestro ser. Podemos pensar, imaginar o soñar que somos de una forma u otra, alcanzar trenes inimaginables de locura, sexo, amistad o amor. Pero lo que nunca seremos capaces de visualizar, es la capacidad para actuar sin pensar ni premeditar algunos actos que demuestran las más oscuras o bellas acciones que podemos llegar a desarrollar en determinados momentos de nuestras vidas. Esta historia, intenta descubrir el lado incoherente y oculto de la naturaleza humana. Mi cabeza hierve, necesito escribir, y es justo en este momento donde empieza todo, son las 12:00 del mediodía del día 01 de enero de 2004 y no sé a donde quiero llegar ni si será interesante o no... Pero, valdrá la pena? Feliz año.
- Prólogo:
La vida de Juan era de lo más normal, nunca le tocaba la lotería (ni siquiera esa que dicen que es muy difícil que no te toque), su trabajo de camarero no le permitía muchos extras salvo el de conocer alguna chica solitaria que buscase algo de sexo sin compromiso, y su vida social se limitaba a sus padres que ya arrastraban la respetable de 70 años de edad, de los cuales 50 eran de feliz y monótona vida de casados y de esos mismos, 35 habían sido compartidos con su hijo.
- En el Púb.:
Como siempre Juan llegaba el primero al garito en el que curraba, un Púb. de esos que abren todos los días a las ocho de la tarde y cierran a las cuatro de la madrugada. Empezó a prepararlo todo para el cotillón con ayuda de su jefe, un niño bien que había tenido el capricho de montarse un lugar donde darse el pego con sus colegas y las niñas pijas de la ciudad. Con todo el local gozaba de notable éxito entre el ambiente más cool de la zona.
Se llamaba Paqui y era morena con ojos azules, su pronunciado escote le permitía a Juan imaginársela sentada encima de él con la cabeza entre sus prometedores pechos. Aparentaba 23 años pero seguramente tenía más por su forma de ser, lo cual a nuestro protagonista le encantaba, por que no tendría que tirarse media noche engatusándola para llevársela a la cama.
Sin que la muchacha se diese cuenta el despiadado cazador ya le había sacado toda la información que quería: Había ido a la fiesta con una amiga y su novio, los dos no paraban de darse el lote sin importarles que el novio de Paqui la dejara por otra el día de nochebuena. Poco a poco, el acoso en forma de práctica timidez con algún toque de humor ácido fue cercando a su incauta presa, que con la ayuda de las copas de cava ignoraba el asedio al que estaba sometida.Justo en ese momento mágico en que todo es genial y los garitos a punto están de cerrar, el jefe de Juan se acercó y le comentó al oído: "Tendrías que hacerme un pequeño favor"..."¿y, cual es ese favor?" preguntó intrigado. "acabo de convencer a una chati para pasar un rato juntos, pero tiene que ser ya, debido a que sus padres dentro de dos horas la irán a recoger... me preguntaba... ¿te importa quedarte solo para cerrar el local?, la mente de Juan reaccionó en un décima de segundo: "En absoluto Toni, no te preocupes por nada, ve dando a las luces mientras yo bajo la música y vete tranquilo a disfrutar de tu regalo de año nuevo" terminó diciendo con una sonrisa socarrona.
- A solas:
Al maestro del engaño no le costó mucho conseguir que Paqui accediese a echarle una mano para cerrar el local y, fue justo en ese momento, cuando la gente hubo marchado... se desencadenó la tormenta. Ayudando a Juan a limpiar los sofás Paqui, notó como este la agarraba por la cintura desde la espalda sintiendo que lo húmeda que estaba, casi se podía comparar con la dureza del pene de Juan. Entonces ambos se giraron y empezaron a besarse como si el fin del mundo estuviera a punto de llegar. El deseo los envolvía y la lujuria los excitaba sin ningún tipo de pudor.
En el más puro estado de pasión sexual, ella le desabrochó los pantalones, quedando sus intensos ojos como platos al descubrir que la esperaba detrás de unos "Calvin Klein" ajustados a la perfección. Sin negarse al oscuro deseo sexual que ardía en ella, empezó a practicarle una felación con ansia desmedida, a lo que Juan no podía darle más la razón que con intensos gemidos de placer.
Agudos minutos después, Juan decidió demostrarle a Paqui lo buen amante que era y con una delicadeza fuera de toda duda, le quitó la ligera tela que cubría sus turgentes pechos, prácticamente a la vez que con la izquierda le desabrochaba el sujetador que prometía, de una forma que le puso la polla aún si cabe más dura, ir escandalosamente a juego con un tanga tremendamente provocativo.Inundado por el placer y el deseo todavía tuvo tiempo de entretenerse lamiendo, besando y mordisqueando suavemente los antaño deseados pechos, lo cual a su anfitriona no le disgustó en absoluto, obligándole a girarse encima de ella para facilitarle la tarea de regalarle lo más preciado de su sexo.
Desnudos ambos y practicando un dialecto sexual con la lengua sin dejar ningún recoveco por descubrir, decidieron continuar con el juego pasando a actuaciones más directas. Encima del sofá y poniéndola a cuatro patas le introdujo su fogoso pene en un espasmo de lujuria y goce que los transportó a un estado semi-hipnótico de codicia sexual sin precedentes.Con cada embate de Juan los pechos de Paqui parecían tener vida propia. Sin frenarse la muchacha empezó a masturbase, cosa que no le pareció nada mal al engatusador profesional que la puso de lado para poder distinguir mejor las acciones de su botín.
Al rato Paqui no pudo evitar estremecerse al conseguir que un caudal caliente de placer ocupara lo más íntimo y profundo de su sexo, prácticamente segundos después Juan notó el mismo escalofrío en su espalda al sacar su pene y, masturbándoselo dejó los pechos de Paqui inundados de un líquido blanco espeso. Borracha de sexo la hermosa muchacha empezó a limpiarle el pene con su lengua, hecho que hizo que Juan se doblase por las rodillas cayendo al suelo con ella encima, quedándose los dos dormidos.
- Por la mañana:
Al cabo de unas horas Juan se despertó resacoso y dolorido, Paqui no estaba, y tampoco el equipo de música, los CDS, la mitad de las botellas de alcohol también habían desaparecido al igual que los altavoces y muchas más cosas. Con el dolor de cabeza y la resaca sexual de por vida Juan solo pudo pensar: “Menudo polvo el de anoche”
- Moraleja: Os la dejo a vosotros mism@s
Vicens 2004
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons
No hay comentarios:
Publicar un comentario